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Una noche sin Luna

  • 21 oct 2018
  • 9 Min. de lectura

La noche sin Luna. El cielo cubierto por una fina capa de nubes robándoles las estrellas a sus espectadores. El frío gélido que trae las cercanías al río. Un pantano adormecido que se despierta por el crujir inesperado de unas hojas, el viento que mueve sus ramas y una rata que huye despavorida. De pie, con su forma rectangular achatada, dos edificios idénticos en cuyo interior se imparte conocimiento. Un avión las sobrevuela con pasajeros ansiosos por regresar a sus hogares y que inexplicablemente todos se están rascando la nariz. Alumnos que esperan en fila para tomarse un colectivo. Otros están dentro de ese ser viviente que es la facultad cuya principal función es juntar/separar personas con intereses comunes. En el cuarto piso, en uno de los baños se encuentra Lucas, un joven de 22 años, pelo graso, mirada perdida, manos grandes, que alguna vez estudió música y está ahí sin saber que le deparará su vida, de momento está orinando.


-uff, que ganas de mear –dijo Lucas en voz alta a sabiendas que no había nadie en aquel baño que lo escuchara.


Aprieta el botón a medida que orina, es un experto coordinando el fin de su orina con el agua que fluye del inodoro, él no sabe que es uno de los diez hombres que asisten a la facultad que puede hacerlo en perfecta coordinación. La luz de tubo parpadea esforzándose por mantenerse en pie pero cae rendida sin explicación. La luz huye en toda la facultad.


- puta madre.

- shuik –dice el cierre de su cremallera hasta que se traba con algo.

- ahhhhh –responde Lucas con dolor.

- clap clap clap – dicen unos pasos.

- shuik, suc suc suc –responde la mochila al abrirse.

- tic –dice por último el celular que se enciende.


En el baño Lucas está solo, se apura a lavarse las manos iluminando con su celular. Se dirige a la puerta y sale. El pasillo está desolado. Se encuentra en el cuarto piso, en la zona administrativa de la facultad que a diferencia de los otros pisos hay unas puertas que controlan el acceso a esta y fueron cerradas en el mismo instante del corte de luz pero él no lo sabe.


- ¡¿me están cargando?!- dice tras girar la manija de la puerta.


Saca su celular y se acerca al gran ventanal que cubre lo largo del pasillo, la luz que llega de afuera es tenue. Contactos. Marcos.


- tu tu tu –susurra el celular en el oído de Lucas.

- ¿Hola Marcos?

- Piiii piiii –el celular se apaga.

- Aggggggggg, no lo puedo creer –dice Lucas y se sienta en el frío piso de baldosas rojizas.


Suspira, no puede creer su mala suerte. En su mente no cabe otra posibilidad. Cómo es que no cargó su celular, que sea tan colgado, siempre se repite lo mismo, bronca, solo que esta vez se apagó sin motivo. Su mano derecha está fría y se toca con esta la cara. Sus neuronas trabajan a mil por segundo pensando qué hacer.


Las pupilas se dilatan para poder captar el máximo de luz, la presión arterial y la frecuencia de los latidos del corazón aumentan por las hormonas del estrés y el sistema endocrino produce hasta 30 hormonas que ayudan a poner el sistema circulatorio a gran velocidad. Los vasos sanguíneos de la piel se contraen y esta se queda sin el líquido que mantiene su temperatura dando lugar a la sensación de escalofríos y suben los niveles de glucosa que junto con la adrenalina producen la llamada “piel de gallina”.

Eso fue lo que sintió Lucas al oír un sonido que no pudo explicar, pensó que estaba solo, encerrado, pero no es así.



María entró a trabajar en la parte administrativa de la facultad a los 23 años, ahora tiene 26, y todo gracias a una amiga de su mamá que un día la llamó para preguntarle si quería aquel trabajo. María no se siente linda, es insegura en algunos temas pero no sabe porqué tiene la facilidad para tomar la iniciativa. Por la mañana toma un café con leche y una tostada y media que unta con queso blanco light. Es hija única y está deseando poder encontrar una amiga que quiera mudarse con ella. Es puntual, ordenada y desde que trabaja en la administración su sector es un 12% más eficiente. Jorge con quién comparte cubículo le tira onda pero de momento ella no aceptó salir con él. Esa mañana sucedieron dos cosas destacables, olvidó su celular y por fin se puso la bufanda que le había regalado su abuela antes de fallecer. Sin celular no supo que llegó 3 minutos más tarde de lo normal y no se percató del tiempo que se quedó ordenando unos papeles antes de irse. Cuando los tuvo en orden movió la escalera metálica junto al archivero, tomó la carpeta ¿No había dejado más cerca la escalera? subió dos escalones con la carpeta en mano y cuando los apoyó en el estante la luz se apagó. Miró a su alrededor, se odió por haber ido con tacos a trabajar y por no tener su celular para iluminarse. En el cuarto que ella está no hay ventanas y del contiguo solo llega una luz muy tenue del exterior. A sus ojos le llevaron 2 minutos reconocer siluetas, luego otro minuto animarse a descender y al cuarto se tropezó con un escritorio tirando todo el contenido de este.


- crank, splash, pruff –dijeron las cosas al caerse y a unos metros de ahí Lucas se asustó.


María se recompuso.


- maldita sea, no lo puedo creer.

- claap, claaap, claaaap – hicieron sus pasos al dirigirse a la puerta.

- chink –hizo la manija de la puerta al abrirse.


Lucas arrodillado ante la puerta alza su vista asustada al ver salir de esta a una mujer.


“Las respuestas neuromusculares ante un susto son incontrolables y muy adversas, y las reacciones dependen de la personalidad de cada individuo: algunos se paralizan, otros actúan con agresividad, otros gritan, otros huyen; pero independiente de la reacción que uno pueda tener frente a un susto, la primera respuesta neurofisiológica es quedarse paralizado con el fin de descodificar la acción que se presenta.”


María, él es Lucas.


“Cuando se define el amor a primera vista, nos concentramos sobre manifestaciones físicas; sudores, palpitaciones, energía desbordante… Son las feromonas el principio de todas esas sensaciones. Estas sustancias químicas son específicas de cada sexo. Son emitidas por las axilas, el cuero cabelludo, los órganos sexuales… y es la nariz la encargada de percibir estas feromonas a un metro de distancia.” Perfecto. La distancia justa que se encontraron Lucas y María tras abrirse la puerta. La toz de Lucas ayuda a aclarar su garganta.


- disculpa –dice él cual caballero.

- no pasa nada –ella acepta sus disculpas.


Lucas se para torpemente y ella le ofrece su mano y él la acepta sin dudarlo. Ella tiene la mano tibia, él fría, pero hay chispazos en ese primer contacto.


- ¿tenes las llaves de la puerta? –preguntó él.

- ¿perdón?

- digo, la puerta de salida está cerrada- respondió.

- ah, no lo puedo creer –dijo ella llevándose la mano a su frente- ¿tenes tu celu para llamar a alguien?

- sin batería –dice Lucas mostrándoselo.

- uh, bueno, seguramente en un rato la luz vuelve y podamos cargar el celular, en la cafetería de este piso siempre dejan un cargador a mano, vayamos ahí.


Lucas está nervioso, por un lado contento de poder pasar un rato con ella pero por el otro, no sabe qué decirle. María se siente segura sabiendo que no está sola. ¿le gustó Lucas? Ah, no me preguntes eso, es muy pronto respondería ella.


La cafetería es pequeña y desde su ventanal con vistas a la ciudad devuelve una oscuridad alarmante pero que aún así dibuja siluetas en la cafetería. Abajo, en el exterior, una jauría de perros danza en círculos tratando de morderse sus propias colas. En la cafetería hay algunas mesas, dos heladeras llenas de gaseosa, una barra, la caja en cuyo interior solo hay 50 centavos atorados en uno de los compartimentos y una cafetera. María desciende su mano tras la barra y toma el inútil cargador de celulares.


- ¿trabajas en administración? –lanzó Lucas sentado junto a la ventana.

- si –dijo ella- hace tres años.


Lucas mueve sus dedos nerviosos al igual que su pie izquierdo, ni darse cuenta de que ella lo observa lo hace detenerse.


- ¿Te pasa algo? –dijo ella

- no, nada, estoy bien.


María se sienta frente a él.


- ¿Vos? ¿Qué estudias? –dijo ella con amabilidad.

- Diseño…-y su voz intentó convencerlo de que estaba en buen camino.

- clap… clap… clap… clap –unos escalofriantes pasos lejanos llegaron a sus oídos.


Ella le toma la mano con firmeza. Su piel es suave. Él, ¿sólo se paralizó de miedo?

Un hombre de rastas atravesó el pasillo llevando consigo un canasto cargado de panes rellenos sin vender. Al verlo sienten alivio, la mano de María aflojó su tensión para disgusto de Lucas.


- Hey –le grita Lucas al vendedor mientras se levanta tras él.


Ve como el hombre de rastas se dirige al final del pasillo, camina lento, sin escuchar a nadie, como adormecido. La mente de Lucas le quiere jugar una mala pasada y comienza a sonar en su mente la música de la Bella durmiente, la escena en que la princesa, hechizada por Maléfica, se acerca a la rueda para recibir un pinchazo. No sabe porqué vino esa música a su mente, tal vez el inconsciente esté tratando de advertirle algo. La mano de María que se apoya sobre su hombro disuelve la música y lo trae nuevamente a la realidad. Ambos siguen con su mirada al hombre. María, sin saber porqué, lo sigue. Lucas va tras ella. Al final del pasillo está la biblioteca que sumida en la oscuridad es un laberinto.


- clap, clap, clap. –los pasos del hombre.


“Las células de los bastones tienen la característica de necesitar cierto tiempo para alcanzar su máxima sensibilidad. Este proceso es el conocido como adaptación a la oscuridad. Por ello es necesario dejar que el ojo se adapte durante al menos 30 minutos sin exponerse a la luz antes de comenzar la observación.”

María no dispone de ese tiempo, toma de la mano a Lucas y lo conduce con firmeza por los pasillos que ella conoce bastante bien.


- clank, splash, ay, trash –son algunos de los sonidos que se desprenden del viaje.

- chink –dice por último una puerta- ñaaaaa.

- clap, clap, clap. –subida de escalera.


María se detiene ante la puerta.


- ¿no seguís? –dijo Lucas.

- esa escalera solo es para subir a la terraza, no nos va a sacar de acá.


Al contrario de lo que podría creerse Lucas se siente interesado por lo desconocido, sabe que hay nulas chances de tener una aventura como ésta que lo lleve alguna vez a la terraza.


- yo voy –dijo valientemente Lucas.


Para no quedarse sola María lo acompaña. Suben lentamente agarrados a la baranda.


- Miento diciéndole a mis compañeros que tengo novia –soltó de la nada Lucas mientras pisaba el último escalón.

- Invento cosas sobre una compañera de trabajo porque me da envidia la vida que tiene – respondió María.


Se dan la mano y cuando cruzan la puerta se topan con la gran terraza de cemento donde pueden ver la ciudad dormida. A unos metros de ellos, en círculo, un grupo de gente en ronda se toma de las manos y una luz proveniente del cielo comienza a iluminar sus rostros.

Ghor del planeta Tork es un alienígena que viaja en su nave Orbitus 3lx, esta la ganó en una dudosa partida de cartas. Su planeta está a años luz del nuestro pero algunos de nuestros astrónomos ya identificaron su planeta solo que nos es imposible saber que hay vida allí. Su hogar es distinto al nuestro; el cielo es de color rojo al igual que su mar, la tierra es azul, el aire denso y los edificios son piramidales. La sociedad es horizontal, como sus fisonomías. Tienen 3 pulmones, 3 corazones y 3 órganos sexuales pero sólo utilizan 2. Su día dura 28hs, el año 256 días y hace más de cien años que viajan por el espacio y nunca les interesó venir a saludarnos. Por eso Ghor, muy en el fondo, se siente un altruista. Hace algunos años mientras viajaba cerca del sistema solar, su pantalla captó imágenes televisivas de un hombre de bigotes que le gustaba saludar a la gente que lo iba a ver, luego se volvió fanático de I love Lucy y por último quedó asombrado de la música de los cuatro melenudos que salían en el Ed Sullivan Show. Sin más, enfocó su nave a la Tierra y de tanto en tanto le gusta visitarnos. Tiene su grupo de seguidores en todo el planeta que lo adoran como un Dios (esa parte le gusta) y elije entre sus fieles a gente de bajo poder intelectual, que no lo cuestionen y lo adoren. En su mente está alguna vez incursionar en política, disfrazado de humano, pero para eso tiene que seguir conociéndonos. En este viaje tiene pensado llevarse a una pareja de humanos para estudiar su comportamiento y costumbres, tal vez poner un circo y viajar por la galaxia (lejos de su moralista Tork) exhibiéndolos. Suele estacionar su nave en lugares lejanos pero esta vez el giroscopio de la nave lo hizo aterrizar de emergencia sobre la terraza de ciudad universitaria.


María y Lucas no lo pueden creer. Del platillo volador desciende un ser petizo y rectangular de orejas considerables y los allí presentes se postran en signo de alabanza. El ser da unos pasos, los hombres les ofrecen sus panes recién horneados mientras las mujeres se despojan de sus ropas. El alienígena parece estar muy cómodo y familiarizado con esta situación. Tras un vistazo a su alrededor posa su mirada sobre Lucas y María, una pareja adorable… Los admiradores del alienígena se ponen de pie, los miran y avanzan lentamente (como hipnotizados) hacia ellos…


Fin.

 
 
 

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