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Terrazas

  • 30 jun 2020
  • 12 Min. de lectura

- acá dejo para que cada uno se sirva lo que quiera –dijo Julián señalando una mesa alargada sobre unos caballetes en la única esquina con sombra de la terraza- hay jamón, quesos, papas, después mi viejo va a traer unas carnes que está terminando de preparar.


- grande Julio – respondió Germán alzando su vaso ya recargado de cerveza.

Sentado en una esquina bajo la única sombrilla, estaba Lucas ocupando toda la porción de sombra que había (exceptuando la mesa con comida). Miró al cielo esperando que alguna nube aparezca pero ese iba a ser el día más caluroso y sin nubes de diciembre en los últimos tres años.


- vení Luquitas hacete amigo y tomá un poco de sol que estas blanco –dijo Marcos y la mente de Lucas volvió a ubicarse. Domingo mediodía, terraza, sol, pileta, amigos, sin nubes.


Germán se preparó un sándwich con todo lo que había en la mesa. Jamón, queso, salame, papas fritas, palta, pickles, aceitunas, unos morrones y mayonesa dejando de lado la kétchup que detestaba. Abrió bien la boca y le dio un mordisco.


- ¿y qué tal está? – le preguntó Marcos.

- dejá un poco para el resto glotón – exclamó Julián.

- delicioso – respondió Germán con la boca llena a sabiendas que no era cierto pero nunca lo iba a admitir.

- ¿escucharon el otro día lo de las luces que hubo en la ciudad? –preguntó Marcos.

- ¿Qué luces? -dijo Lucas incorporándose a la conversación.

- por fin saliste de la sombra, Dracula – le dijo Julián a Lucas y este le respondió mirándolo sin decir nada.

- unas luces en el cielo volando por lo bajo – respondió Marcos rascándose el bigote- lo vió mi vecina o sea acá a tres cuadras, dijo que las luces no la dejaban ver bien pero esta se detuvo y le pareció ver como una compuerta se abría.

- ¿tú vecina la que tiene 6 gatos y siempre huele a meo? – acotó con sarcasmo Germán.

- esas cosas pasan – sentenció Lucas y encendió un cigarrillo.

- ¿va a venir Cristian? – preguntó Julián.

- me dijo que sí – respondió Marcos.

- que chabón más raro ese – agregó Lucas exhalando su humo.

- Ah bueno- le respondió Julián.


Germán dio un último bocado y se bebió de una su vaso de cerveza, luego eructó.


- ¿vos decís porque está todo el día en su casa y apenas se deja ver? – aclaró Germán.

- si algo así – respondió Lucas y se apoyó sobre el borde de la pelopincho armada para la ocasión.


El sol había alcanzado su cenit y las baldosas estaban calientes. Lucas jugó con el agua. Marcos, que se había estado dejando crecer el bigote para la ocasión (según él le confería un aire de distinción) se acercó a la pelopincho y la observó un instante.


- ¿Va a resistir el piso de la terraza con la pileta tan llena?–acotó Marcos.

- si obvio – dijo Julián que estaba cursando el último año de arquitectura.

- no confío en un arquitecto – le respondió Marcos que cursaba ingeniería- no son buenos para las cuentas.

- anda vos, si en el colegio lo único que sabias hacer era llevarte matemática – le contestó Germán.

- ¿se acuerdan de Carla? – preguntó Lucas- No la que era alta sino la otra, la tetona, la vi el otro día.


Germán bajó la mirada, se acercó a la mesa y se volvió a llenar su vaso con cerveza y lo bebió de un solo trago, era buena cerveza roja. Le gustaba por encima de las otras y prefería las industriales a la moda de las artesanales.


- ¿La pelirroja? – Dijo Marcos- la que se cogió Julián.

- bueno che, estábamos en el colegio – dijo Julián como queriendo olvidar mientras Germán le clavaba la mirada.

- me la crucé, estuvimos charlando un rato, está trabajando en no sé qué empresa, le pagan muy bien, tiene novio – Germán tosió- y me dijo que tenía ganas de vernos – concluyó Lucas.

- ¿A todos? – preguntó Germán de repente.

- sí, supongo – le respondió Lucas sin interés.

- nunca fuimos a esas reuniones de ex egresados –comentó Marcos.

- ¿para qué? Si los únicos que valemos la pena estamos acá – acotó Julián sacándose la camisa y metiéndose a la pileta.

- ¿para ir a caretearla, con gente que no me interesa? Además seria todo muy falso, ni me interesa en que andan los demás, uno va para pavonearse. – agregó Lucas.

- ¿pavonearse? Que, ¿tenes 60 años ahora? – le dijo Marcos.

- en eso coincido con Lucas, es como el facebook o instagram, solo mostras lo mejor de vos – aportó Julián.

- yo fui- dijo Germán sacándose el vaso de la boca.

- ¿para? – le preguntó Julián con tono de desapruebo.

- fuimos con Cristian el año pasado, no sé, queríamos ver qué onda- terminó por justificarse Germán.


Julián se zambulló en la pileta, se movió de punta a punta, luego se tapó la nariz y volvió a zambullirse. Abrió los ojos bajo el agua y contempló el cielo celeste, le pareció ver algo brilloso atravesarlo. Sacó su cabeza, miró el cielo, los edificios, nada.


- Yo que sé, yo la pase bien, no sé si todos eran unos idiotas, nosotros también lo fuimos – opinó Germán y miró a Julián que parecía perdido, luego a Lucas que fumaba su segundo cigarrillo.

- Carla no fue – respondió Lucas a su mirada.

- no, no fue – repuso tras unos segundos Germán.

- así que Cristian si salió de su covacha – dijo Marcos y miró su celular que vibraba. “TENEMOS QUE HABLAR” decía un mensaje de Carla. “¿DE QUÉ?” le respondió, “DE LO QUE ESTUVIMOS HACIENDO LAS ULTIMAS SEMANAS…”

- ¿no vas a comer Lucas? – preguntó Germán.

- dejá de pensar en comida- dijo una voz a su espalda, era Cristian que había llegado con una mochila grande, en ojotas y un sombrero de ala ancha.

- miren quien llegó, el verdadero Nosferatu – exclamó Julián aplaudiendo.

- ¿qué traes ahí? – preguntó Marcos.

- el TEG y algunos juegos de mesa – respondió Cristian.- vine preparado.

- dale después damos vuelta la pileta y lo apoyamos ahí – dijo Lucas sarcástico y apagó su cigarrillo en el piso mojado, saludó a Cristian con un abrazo para luego acercarse a la mesa y prepararse un sándwich, le dio un par de mordiscos y lo dejó sobre la mesa.

- che Julián, voy abajo un minuto a mear- dijo Lucas haciendo gestos.


Tenía que bajar tres pisos por escalera, eso le daba tiempo para relajarse, bajó despacio. La escalera era luminosa, el edificio de pocos pisos donde la luz llenaba todos los espacios ya que era el único edificio en toda la manzana. Llamó a la puerta con tres fuertes golpes, escuchó como unos pasos rápidos se acercaban, abrieron la puerta y ahí estaba, Juliana, la hermana unos años menor de Julián. Lo miraba sonriente y apoyó su dedo índice sobre su pecho y lo deslizó hasta el ombligo.


- tardaste mucho en bajar, pasá – replicó Juliana y le dio un beso muy cerca de la boca.

Lucas suspiró y entró en la casa.

- ¡hace cuánto no te dejas ver! - Exclamó Julián mirando a Cristian que estaba en una esquina de la pileta.

- con Germán nos vemos y a veces con Lucas- respondió.

- Ay ellos tres – acotó Marcos con un dejo de envidia en su tono de voz mientras le salpicaba agua y Julián se sumaba.

- bueno contanos en que andas, todo el día en tu casa me dijeron- preguntó Julián

- y es que estoy cuidando a mi viejo. – le contesto Cristian.

- uh, no sabía, perdoná.- dijo Julián.

Marcos lo miró también, bajó la mirada y empezó a jugar con sus manos.

- está mejor pero tiene sus días viste, además trabajo desde casa – respondió restando importancia Cristian.

- ¿dejaste de estudiar? ¿Actuación o dibujo era? – preguntó Julián.

- filosofía, la actuación era un hobby.

- ¿te acordas esa obra que tuvimos que hacer en el colegio? ¿Cómo se llamaba? - preguntó Marcos.

- fue la adaptación de una película boludo, Harry Potter – dijo Germán indignado.

- Ah cierto, que hiciste del pelirrojo.

- Ron -acotó Cristian.

- Y se besaba con la pelirroja

- Hermione, que Carla hacia de ella – dijo Germán.

- si te abras aprovechado degenerado – dijo Lucas entrando en el agua.


Marcos se rascó el bigote incómodamente y Germán tosió un poco. Cristian se rió. Traía una malla floreada que había conseguido para la ocasión y aún conservaba su sombrero, lo único que había tenido que comprar pero como le sentaba bien había hecho el esfuerzo.


- no soy el único –levantó inocente las manos Cristian.

-apa, yo acuso – dejó picando Lucas.

- Julián, Marquitos, vos Germán ¿no te gustaba? – dijo de golpe Cristian mirándolo inquisidor.

- ¿yo? -Se hizo el desentendido Germán.

- día de revelaciones hoy –exclamó Julián – deberíamos brindar, porque hace mucho que no nos juntamos los cinco.

- desde que terminamos el colegio – dijo Germán.

- que sea esta nuestra reunión de ex egresados entonces –Marcos salió de la pileta y comenzó a llenar vasos con cerveza. Su celular volvió a vibrar. “ESTOY PREOCUPADA, NOS PODEMOS VER HOY?” , “NO SÉ, ESTOY EN LO DE JULIAN, DESPUÉS VEMOS” le respondió.

- dale deja el telefonito y vení para acá – lo apuró Cristian.

- brindemos por… la amistad – propuso Julián.

- si, por la amistad que a pesar de todos estos años y que no siempre nos bancamos, estamos acá – sumó Cristian.

-¿vos lo decís por Julián y yo? – agregó Lucas cortante y lo miró también a Julián.

-una de las cosas que quería decir –dijo Julián tras un silencio desconcertante- por lo que estamos acá, es pedirte perdón por lo que hice, te hice alguna vez….

- está bien, ya lo olvidé –respondió Lucas tratando de parecer tranquilo.

- no, es cierto, era un boludo de verdad, en el colegio no sé qué me pasaba, o sí pero – Julián recordó por unos segundos a Julia su mamá- no tenía porque joderte a vos, perdona en serio.


Lucas suspiró y le dio la mano tras una pausa, estaban a mano, el se cogía a su hermana a escondidas. Germán aplaudió, la situación lo había puesto tenso.


- Viva los novios –dijo y chifló Marcos.

- quería además decir, que con mi hermana a fin de año nos vamos por un año, o tal vez más, a España – dijo Julián- me recibo y nos vamos.


Lucas cerró los ojos y sin que los demás lo percibieran dio un largo suspiro, salió de la pileta y se recostó al sol. Miró un rato a sus amigos en la pileta y luego al cielo buscando alguna nube, siempre hay nubes pensó, pero esta vez no hubo suerte, si distinguió un brillo cruzando el cielo. Encendió un cigarrillo y fumó tranquilo.


Germán salió y se secó, se detuvo en la mesa, el agua le daba hambre. Tenía una genética prodigiosa, podía comer sin engordar, por ende comía sin culpa pero con ansiedad. Había colgado durante años en terminar de rendir las materias pendientes del secundario y todavía no tenía decidido si seguir en el almacén con su viejo o ponerse a estudiar algo, lo único que sabía es que el tiempo corría. Días atrás había visto a lo lejos a Carla, aun le revoloteaba su interior pensar en ella. Vibro nuevamente el celular de Marcos, se encendió la pantalla y Germán vio la imagen de Carla y un mensaje. “DALE, NOS VEMOS LUEGO. ESTOY EMBARAZADA. QUE TE DIVIERTAS” le costó respirar.


- Che pasame mi celu ya que estas ahí – le dijo Marcos.


Germán se giró y lo observó unos instantes, agarró el celular y se lo arrojó a la pileta. Marcos intentó agarrarlo en el aire pero no pudo, el teléfono hizo un ruido y se apagó.


- No boludo, qué haces, te dije que me lo pases, no que me lo tires, la puta que te parió –le dijo y se puso de pie.

Cristian se levantó y lo tomó del hombro.

- pará fue sin querer, vos también tenes manos de manteca, puede pasar sobre todo si estas dentro de una pileta –dijo Cristian.

Marcos salió igualmente del agua y se acercó a Germán.

- ¿sos boludo no? Tantas horas ahí cortando fiambres te atrofió el cerebro –dijo y empujó a Germán.


Empezaron a empujarse hasta que Lucas se puso entre medio.


- ya está, voy a traer arroz y dejamos el celular al sol, en un rato se vuelve a encender – dijo Lucas conciliador.

Marcos lo miró y soltó a Germán. Lucas se alejó observándolos y bajó nuevamente las escaleras.

- Yo tengo un teléfono para prestarte sino, el que usaba antes, después te lo doy si no arranca – dijo Julián a Marcos – no vamos a pelearnos por un teléfono, ni que fuera por una mujer.


Cristian tomó el celular y lo abrió, le sacó la batería y la tarjeta SIM y lo dejó al sol. Sacó un cigarrillo de los que le había sacado a Lucas sin que este lo notara, era una habilidad nata que tenía con sus manos. También a pasar desapercibido cuando le era conveniente, algo bueno había sacado de lo mierda que fue el colegio. Se preguntó cuánto podría obtener por ese celular, arreglarlo y hacerlo pasar por nuevo si llegaba a no tener ningún golpe. A si mismo se llamaba oportunista, sabia ver ese tipo de oportunidades, que se jodan ellos, no siempre les caía bien por eso no se juntaba pero esta vez decidió ir, ya estaba harto de hacer de niñera de su viejo.

- ¿por qué no me dijiste nada de que te ibas? – increpó Lucas a Juliana mientras le observaba sus delgadas y suaves piernas. Ella estaba subida a una banqueta buscando el paquete de arroz.

- te lo iba a decir después – respondió ella.

- ¿después de qué?

- no sé, más adelante, tampoco es que seamos novios, cogemos y eso – dijo Juliana mirándolo en esta última frase. Lucas bajó su mirada.

- lo sé igualmente no quería enterarme por el – le contestó.

- todavía tenemos un año, tampoco nos vamos a ir a vivir allá, de última venís a visitarnos – le dijo ella tranquilamente.


Se miraron a los ojos.


- sabes que no tengo un peso, por eso no salís conmigo

- ¿qué tiene que ver? – respondió Juliana.

- nada, dejá.

- ya lo dijiste, ahora terminá de decirlo.

- eso, que no seamos nada nosotros es porque no estoy a tu altura – dijo Lucas.

- no digas boludeces – dijo Juliana desde su banqueta - nunca me dijiste lo que querías ni me lo propusiste, yo que voy a saber.

Lucas se mordió el labio y cuando ella descendió le acarició la cara.

- tenes razón, igual ahora qué más da.

Juliana se acercó y le dio un beso en la boca.

- no me voy por siempre y si tanto te importa vendrás a visitarme – dijo dándole el paquete de arroz.

- son raros ustedes, empezando porque todos sus nombres empiezan con jota, de jodidos- dijo Lucas y suspiró luego acarició a Juliana en el hombro.

Aquel día iba a oscurecer más temprano de lo usual, eran las 19hs y parecía más tarde. Un viento cálido pero agradable recorría la ciudad otorgándole a ese día una sensación de bienestar. A unas casas de distancia ya estaban encendiendo el fuego para el asado.


- está para un helado – dijo Cristian.

- está carísimo – respondió Lucas.

- está todo caro, si se está yendo todo a la mierda – opinó Germán.

- ehh para, ¿vamos a hablar de política ahora?– expresó Marcos.

- de política ni de helados mejor no hablar – acotó Julián.

-¡para! ¿por? ¿Qué tienen que ver?

- nuestra inclinación política y los helados tienen en común que se basan en nuestros gustos personales. – respondió Julián.

- ¿se acuerdan de Helarte? – preguntó Lucas cambiando de tema – la cadena de helados.

- sí, estaba $10 el kilo – aportó Marcos pausadamente- eran buenos helados.

- $10, que delirio, yo me acuerdo de pensar “cuando el kilo llegue a los $100 voy a dejar de comprar” acá estoy y sigo tomando – respondió Germán.

- el precio siempre es el mismo en realidad, en dólares hablo, lo que cambia es lo poco que vale nuestra moneda – explicó Julián.


Comenzó a vibrar el celular de Marcos.


-¡Está vivo! – dijo con humor Cristian.


Marcos esperó a que termine de encender el celular, movía inquieto su pie izquierdo y su mano un poco le temblaba. Quería ver si había algún mensaje nuevo de Carla, estaba nervioso. “Y… TE QUEDASTE MUDO…” Marcos palideció, cerró los ojos y maldijo para sí mismo el día que se la cruzó.


- ¿qué pasó, murió alguien? – preguntó Germán socarronamente.

- no, nada, pero me tengo que ir. Otro día nos vemos – dijo Marcos apurado mientras agarraba su mochila y bajaba las escaleras.

- ¿alguien gusta un porrito? – Consultó Cristian sacando uno- es finito pero pega fuerte- le dio una calada y se lo pasó a los demás. Se recostó y observó el cielo cuyas estrellas comenzaban a aparecer.

- ¿qué tanto apuro tenía? – dijo Lucas.

- Carla está embarazada, lo leí en su celular antes de que se caiga al agua – Germán le dio dos pitadas largas- mierda, siempre me gustó Carla.

- ya lo sabíamos – respondió Julián y Germán le devolvió una mirada de asombro.

- día de revelaciones – acotó Cristian.


Los cuatro hicieron silencio durante un rato mientras fumaban lo que quedaba del porrito. El atardecer silencioso hacia que se oiga el crepitar del fuego vecino luego se encendió una luz tenue y amarillenta en el pasillo.


- no quería juntarme con ustedes, no sé, siempre me sentí un poco menos. Uno arquitecto, el otro ingeniero, otro hace videos, trabaja, no sé qué mierda más – dijo Cristian reflexivo

- vos trabajas, cuidas a tu viejo – respondió Lucas.

- ponele, no es tan así, ahora no viene al caso, a lo que voy… pasa el tiempo y siento que me voy quedando atrás, no sé, una porquería.

- acá estamos, podes confiar en nosotros – respondió Julián sin sabes que Cristian le había sacado plata de su billetera sin que lo notaran.

- en los momentos así hay que aferrarse a lo bueno, a lo que uno le hace bien… - acotó Germán poco convencido de sus palabras.

- mañana será un nuevo día, uno que nunca se ha vivido – sentenció Lucas.

- pará filosofo, que acá el que intentó estudiar filosofía soy yo – le dijo Cristian con una risa.


El aire que unos minutos atrás corría ahora se había estancado, el olor a marihuana flotaba en el aire. Acostados sobre la terraza observaban las estrellas cuando una luz atravesó el cielo y comenzó a hacer círculos extraños.


- lástima que no está Marcos para ver esto – comentó por Lucas, la luz se posó sobre ellos y una compuerta se abrió.

 
 
 

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