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Susurro

  • 11 dic 2018
  • 7 Min. de lectura

Nació como un susurro, delicado, hasta que el viento comenzó a arrastrarlo, luego se transformó en un aullido y tras los truenos, todos lo sabían. ¡Había colaborado, había colaborado! -Siempre me pareció mala gente - ¿si alguna vez había sido su amigo? Obviamente que no. – Venía a comprar y se robaba caramelos, nunca le dije nada por miedo. - A mi hija no la dejaba pasar delante de su casa, siempre le hacía dar una vuelta porque le echaba mal ojo a todas las chicas que pasaban. – Y anda a saber que más hizo con esa cara de degenerado que tiene. – Siempre sospechamos de él, es más me hubiera gustado yo haber sido el que lo delató. Y así uno tras otro se iban sucediendo los comentarios, hasta que la bola fue tan grande que aplastaría a cualquiera con su peso.Nadie se interesó en saber su versión, total, ¿para qué? Había colaborado. Punto final. Debajo de todas estas palabras algunos lo recordaban como un buen hombre pero tenían miedo de decirlo en voz alta.


Todo en él parecía extraordinario, había querido salir al mundo con tan solo 7 meses y a diferencia de otros bebes en las mismas condicioneséste era un bebé grande de facciones marcadas.El doctor le dijo a la madre que si sobrevivía iba a ser grande, la madre confundió grandeza con altura por lo que se sintió orgullosa de él, hasta que cumplió 8 años y el padre los abandonó. Para ese entonces él era el más alto de su clase, tenía las piernas delgadas, un andar lento y torpe pero aún así se las arreglaba. Tenía un ojo desalineado con respecto al otro, la cara angulosa y no era el más listo de su clase, solo el más alto.

Vivían en un pueblo ubicado en un valle por lo que la tierra era fértil. La mayoría se dedicaba al cultivo pero no muy lejos había una mina, y en el año de su nacimiento habían empezado a construir un tren que traería prosperidad al pueblo, traería…


Una noche, al mes de haber cumplido 8 años, salió por la ventana de su cuarto hacia el tejado y se recostó a observar el cielo.Aquella noche había luna llena y como en el pueblo no había alumbrado eléctrico en las calles parecía como si un manto blanco hubiera cubierto los tejados de las casas. Esa noche escuchó un ruido cerca en la puerta y pensó primero que era un gato pero luego vio a su padre vestido de traje caminando apurado por la calle cuesta abajo, por un instante le pareció que sus miradas se cruzaban cuando el padre giró su cabeza para mirar por última vez la casa y siguió de largo. Al día siguiente corrió todo tipo de rumores, que se había fugado con Magdalena (una vez los vieron echándose miradas furtivas), que se había ido a otro país en busca de oportunidades, que se sentía avergonzado y desdichado de su hijo.Los rumores eran como metrallas al oído de su madre, un día creyó unos, otro día otros, hasta llegó a creer que la culpa la tenía el hijo.

Él estaba confundido, había días que la mamá lo quería y otros que no. A veces entendía lo que pasaba. En esos momentos se refugiaba yendo a ayudar a su vecina doña Carmela que vivía sola y necesitaba ayuda en la casa, a veces escuchaban la radio y se enteraban cosas de las ciudad, del país, de las marchas, de la inestabilidad, a veces abrumado apoyaba sus brazos en la ventana y miraba la casa de enfrente donde vivía una chica un año mayor que él de cabellos dorados y cuando el sol le daba en el patio del colegio, él se cubría los ojos del destello que le producía. Sabía que a ella le gustaba leer y con lo que ahorró vendiendo naranjas un verano le regaló un libro. Aprovechó una tarde que se dirigía a la casa de doña Carmelapara dejar el libro en el escalón de la puerta, llamó y salió corriendo. Después pudo observar desde la ventana como lo desenvolvía. Algún día le preguntaría si le había gustado.


Sabía que era diferente a los demás, algunos mayores trataban de disimular su cara al verlo pero los más chicos con una inocencia a veces cruel se lo hacían notar entonces se le cruzaba por la mente algún que otro pensamiento que lo hacía asustarsepero dejaba que la fantasía corriera libremente. El día que cumplió 16 años agarró su destartalada bicicleta y se dirigió a la mina en busca de trabajo. Como no cabía dentro de la mina lo mandaron a picar carbón. – Mírenlo al gigante picar carbón con su diminuto pico. Y a veces cuando le tiraban piedras y él se cansabahacía un movimiento con el brazo que sostenía el pico, era un leve gesto amenazador pero visto de afuera parecía grotesco por lo que lo dejaban en paz. Luego se sentaba sobre una roca, apoyaba sus manos sobre su mentón y pensaba en la vecina de los cabellos dorados.

Una mañana le dejó una flor bajo su puerta, otro día una piedra suave de color verdusco que había encontrado hasta que un día se animó a escribirle una carta, esta era simple, le dedicaba un poema que había leído en el colegio y creía que iba perfecto con ella. Su mano temblaba al escribirla por lo que la reescribió varias veces hasta dejarla legible, seguramente le gustaría.


Años después cada uno recordaría a su manera aquel día, algunos decían que llovió, otros que sólo estuvo nublado pero para él fue un día como cualquier otro. Estaba en las minas cuando oyó un murmullo a lo lejos, alzó la vista y vio que se empezaban a reunir alrededor de la radio de don Anselmo, hablaban entre sí, algunos se tomaban la cabezay otros callaban satisfechos. “restauración de los valores de la República… lucha contra los comunistas…” y así continuaba vociferando la radio. Dejaron sus picos y palas, salieron de la tierra como hormigas y se juntaron alrededor un joven que él bien conocía y no le agradaba, detrás de sus palabras de aliento y libertad se escondía un cobarde capaz de arrojar la primera piedra. En el pueblo una nochese oyeron disparos, lo que en otra época hubiera alertado a los vecinos ahora no. Le temían a lo que escuchaban en la radio, un día encontraron la casa de don Julio vacía,luego la de Ester, la tierra parecía habérselos tragado por lo que la gente del pueblo empezó a sospechar de sí misma. –seguro se fue a la casa de la hermana que vive en la ciudad. – lo vi discutir con Pablo y al otro día desapareció… - me pareció ver entrar gente a su casa. En la minera se hablaba de hacer un paro, una forma de resistencia decían algunos, pero no todos estaban de acuerdo.El joven subido a la tarima arengaba desde lo alto y decidió que aquella noche permanecerían ahí sin trabajar. Al caer el sol hicieron un fogata, él tenía ganas de salir de ahí pero se sentía un cobarde ante la situación. Entrada la noche vio como el joven arengador tomaba una linterna de aceite y se dirigía al interior de la mina. Esperó unos minutos y lo siguió, sentía curiosidad. Nunca había llegado tan lejos en la mina, la oscuridad era casi total y solo una tenue luz amarillenta delimitaba el espacio. Las piedras, al igual que él, parecían grotescas y deformes, el espacio seestrechaba cada vez más. Se detuvo un momento, desorientado, ya no quería continuar. Se sentó como pudo en el espacio reducido y esperó. Al rato volvió el joven, estaba apresurado y se tropezó con él derramando así el aceite de la lámpara, la luz se evaporo con las últimas llamas. La oscuridad invadió el espacio y el miedo también se coló. Oyó como el joven se incorporaba maldiciendo su existencia. Estaba furioso. Aquel espacio reducido amplificaba los gritos de miedo y desesperación. Algo comenzó a moverse allá abajo.

Él se levantó como pudo y caminó lentamente en dirección a la salida, algo lo tomó por la espalda y sintió un golpe duro y seco en su estomago dejándolo sin aire. A lo lejos una tenue luz empezaba a marcar el camino. Pudo distinguir como el joven se deslizaba en busca de la luz y él como pudo lo siguió, el suelo seguía temblando al igual que él. El joven subió el últimotramo acompañado de sus compañeros, miró a sus espaldas y creyó ver al grandulón desplomarse contra el piso.


Estuvo dos días incomunicado encerrado en un calabozo, cada tanto venía a buscarlo un hombre con bigotes y se lo llevaba a una sala pequeña iluminada por un gran farol, delante de ella se sentaba un hombre robusto con mirada cansada –¿qué hacías ahí? Tuviste suerte… lo que hiciste se llama sabotaje… podemos encerrarte unos cuantos años… ¿había alguien más con vos? Y él confundido por las luces no sabía que responder. Cuando lo largaron caminó lentamente por las calles de su pueblo, la gente cruzaba al verlo con sus ropas hechas harapos y su cara negra por el carbón. Cada vez se volvía más difícil vivir en aquel pueblo y los mejores momentos los pasaba en casa de la anciana Carmela mirando por la ventana a su vecina.


Lo que sucedió aquel atardecer nunca estuvo muy claro. Doña Carmela vio al grandulón dejar la ventana y salir apresuradamente. Otro vecino oyó unos golpes como alguien llamando a la puerta. Un transeúnte vio a la vecina junto a un joven reírse de él y unos chicos vieron al grandulón como se alejaba para luego ver llegar la policía a la puerta de la chica de los cabellos dorados y se llevarse a su prometido el agitador.


Hasta el día de hoy nadie sabe qué le dijo el grandulón ni lo que ella le susurró al oído.

 
 
 

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