La gracia
- 8 jul 2020
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El bar estaba lleno, cómo lo había deseado, si bien el espacio era acotado la gente prefería estar de pie (tal era su fanatismo) para verlo actuar a él. Sus rostros levemente iluminados por las luces del escenario formaban una gran sonrisa. Aplaudían, chiflaban, lo alentaban y Víctor estaba ahí, arriba de ese escenario de madera levemente por encima de los espectadores vestido con un traje celeste, impecable y costoso. Había dejado hace rato su galera sobre la banqueta alta que estaba a su lado. Se detuvo un minuto para beber agua, tenía sed tras 55 minutos de espectáculo, hasta ese simple hecho de beber agua le parecía gracioso a su público.
- Soy un adicto a los jingles –dijo retomando su monólogo- los absorbo, los canto todo el día – el público estalló de la risa, al fondo se abrió una puerta y una luz blanca emanó tras ella recortando la silueta de un hombre que comenzó a agitar sus brazos intentando llamar la atención de Víctor que al verlo se hizo el desentendido.
- imagínense, estoy en el auto con esta chica que me gusta mucho y nos comenzamos a besar y de repente me pongo a cantar un jingle de preservativos – el hombre le siguió haciendo señas marcando su muñeca – aún no terminé – acotó Víctor mientras el público no paraba de reír –y entonces la chica me mira y dice…
Sonó una chicharra y una luz blanca invadió el espacio llevándose al público incluyendo el traje de Víctor.
- que jingle más duro… - quedó flotando en el aire, suspiró y luego alzó sus brazos.
Víctor caminó por un pasillo angosto lleno de puertas tentado por ver cuáles eran las fantasías de esos individuos, una vez lo había hecho y vio a un hombre juntando mierda de caballo pero tuvo luego que pagar una multa.
- gracias por dejarme 5 minutos más para despedir a mi público, hoy te ganaste una generosa propina – dijo Víctor con sarcasmo.
- son 20 australes y la semana que viene va a haber un aumento – comentó el empleado sin mostrar ningún interés por la situación.
- ¿otro aumento más? La puta madre.
- estamos actualizando el sistema y eso es caro pero estamos para ofrecerte lo mejor – respondió el empleado repitiendo el eslogan de donde trabajaba.
- más les vale- respondió Víctor dejando traslucir un poco su ira, levantó su celular y lo puso sobre el pad que le ofreció el empleado. - Cada vez más caro, cada vez más caro – repitió en voz baja y se fue dando un portazo. No le gustaba irse sin despedir a su público.
Caminó por las calles céntricas de la ciudad cada vez más atestadas de gente. Había de dos tipos, los que “lucían bien” y los que no, él se hallaba entre estos últimos. Se detuvo a hacer una fila donde había otros como él. Una mujer pasó a su lado y le echó una mirada. Ella iba vestida de un traje hecho a medida, zapatos relucientes, mientras Víctor…
- El próximo mes el subsidio va a ser menor –le dijo a Víctor el hombre delante de él, tendría unos 50 años y olía a cebolla. Víctor asintió con su cabeza tratando de asimilar la información y hacer cuentas. – dicen que se sumaron al sistema no sé cuantos cientos de miles de personas y los que aportan son cada vez menos, mentira, desgraciados que viven en sus mansiones y que no quieren largar un puto austral, hijos de puta – volvió a decir el hombre y otras personas en la fila se sumaron al reclamo.
Si le recortaban el presupuesto y aumentaban la hora de virtualidad iba a tener que reducir sus shows, inmediatamente pensó en su público y le costó respirar, al final terminó sumándose al resto de los subsidiados golpeando la cortina metálica de un local cerrado bajo la mirada de algunos.
El edificio donde vivía había visto mejores épocas pero aún así mantenía el esplendor en su fachada. Dentro, las paredes olían a humedad y el ascensor raramente funcionaba por lo que directamente subía por las escaleras.
- Víctor ¿cómo andas? – dijo una voz masculina que salía del teléfono de este- hace mucho que no hablamos, ¡podrías mandarle alguna señal de vida a tu hermano!
- si estoy bien, ¿qué tal por allá? – su hermano vivía en otro país.
- bien acá escribiendo material nuevo viste, tener hijos da para mucho, a la gente le encanta, se mueren de risa.
- acá se cagan de risa –le dijo Víctor – si imagino –y abrió la puerta de su apartamento desordenado y que olía a ropa sucia por lo que se dirigió a la ventana y la abrió, asomó su cabeza para tomar aire fresco mientras su hermano seguía hablando por teléfono.
- y a vos ¿cómo te está yendo? ¿Tenes algún trabajo fijo? ¿O seguís con lo del subsidio? Oí que lo quieren sacar.
Víctor hizo una mueca de desagrado – no, no lo van a sacar, solo reducir. Si acá estoy con mucho trabajo – le contestó y se tiró sobre el sofá manchado – también escribiendo material nuevo, dando shows.
- Qué bueno, subí algo a las redes, así al menos te podemos ver. Tenes que venir un día y conoces a tus sobrinos, haces alguno de tus monólogos, acá hay guita para eso yo sé lo que te digo, se ríen de cualquier mierda… - la voz de su hermano continuó pero él dejó de prestarle atención.
La alarma sonó a las 19 horas y sobresaltó a Víctor recostado en el sofá. En una hora tenía un cita, iba a bañarse y ordenar su casa (por si acaso) había conocido a Mónica dos semanas atrás, esta iba a ser su segunda salida y aún no había pasado nada entre ellos, solo insinuaciones de ambas partes. Le llevó una hora dejar, en apariencias, todo decente.
- ¿ya tenes algo escrito para tu nuevo monologo? – le preguntó Mónica después de haber tratado el tema del clima, un poco de la situación actual y otro tanto de cotidianeidad.
- tengo algo si, va a estar bueno –respondió Víctor dándose aires y apurando su copa de vino, se esforzaba en no pensar cuánto iba a costar toda esa salida.
- vas a tener que invitarme cuando lo presentes –le dijo apoyando su mano sobre la de él.
- me gustaría que sea perfecto antes de que lo escuches – él apoyó su mano libre sobre la de ella- ¿vamos? – preguntó dándose confianza.
- ¿a dónde? – le preguntó ella con tono picaresco.
Víctor se sintió descolocado, esperaba otra respuesta – a mi casa- concluyó.
- dale – respondió Mónica sonriendo. Ella sí tenía un trabajo fijo que le permitía pertenecer al grupo de los “que lucían bien” pero no estaba tan segura de Víctor, o prefería no saberlo por lo que evitaba echar una mirada a las filas de subvencionados. Él no terminaba de convencerla pero sabía que se le agotaba el tiempo si quería tener un hijo y las apps de citas nunca le habían funcionado.
Caminaron las 6 cuadras que los separaban del apartamento hablando mientras la mente de él estaba ya en la habitación. El pelo de Mónica le llegaba hasta sus hombros y su piel era delicada, lo único que le llamaba la atención a Víctor era la forma de su nariz que no cuadraba en el rostro de ella.
Recorrió la piel desnuda de ella despacio aun cuando su ansiedad le decía lo contrario. Ella se subió sobre él y posó su mano fría por debajo del bóxer de este.
- ¿Qué pasa? -Preguntó ella al darse cuenta que Víctor no tenía una erección.
- ¿cómo? –dijo volviendo su mente en sí y se percató de lo sucedido.
- ¿no tenes ganas? ¿Estás cansado? – preguntó Mónica sin respiro.
Víctor no sabía que decir, ya le había pasado, por lo que prefirió hacerse el desentendido sabía que no había chances de que se levantara.
- no sé qué pasó es la primera vez – replicó Víctor y se recostó en su cama.
- bueno no pasa nada, puede pasar – contestó Mónica y sonó su celular. Víctor dejó de observarla y miró por la ventana, las pocas estrellas que dejaban ver las luces de la ciudad se desvanecían ante la llegada de unas espesas nubes. Solo volvió en si cuando Mónica cerró la puerta del apartamento, le había dicho alguna excusa que no recordaba y luego se durmió pensando en las risas que iba a generar todo este hecho cuando lo incluya en su show.
Aquella tarde tenía su primer día de trabajo, temporal, en una distribuidora. Guardó su libreta en la que estaba escribiendo y se marchó. El trabajo era rutinario, llenar papeles, a veces salir en el reparto, compañeros nuevos que no llegaría a conocer ni agradar pero al final del día había olvidado la noche anterior y mejor aún lo había transformado en una pieza humorística. El horario de cierre era a las 21 hs por lo que prefirió cenar en algún bar por la zona, pidió un bife con ensalada y una cerveza al igual que hacia su padre cuando de chico lo llevaba a comer.
- hoy tenemos micrófono abierto pero antes, nuestro habitual María José, démosle un aplauso.
Una figura misteriosa subió al escenario. Iba impecablemente vestido y llevaba un sombrero de ala ancha por lo que solo se distinguía su boca.
- estaba en el auto el otro día yendo – Víctor comenzó a escuchar el monologo, era bueno pero prefirió contener un poco su risa (por celos tal vez) pero al rato soltó unas carcajadas. Cuando terminó, el público aplaudió y le produjo un éxtasis esa sensación, el reconocimiento ajeno y ni bien el micrófono quedó libre tomó su lugar cuando los aplausos no habían concluido.
- muchas gracias, muchas gracias, mi nombre es Víctor, mi mamá quería una niña que la iba a llamar Victoria así que cuando nací, sorpresa, soy hombre, me pusieron Víctor – algún carraspeo entre el público – Anoche tuve una cita, hace mucho que no tenia, era eso o quedarme en casa viendo “CITAME” - alguna toz del publico – me tocó publico complicado esta noche pero bueno, resulta entonces que…
Llegó a su casa resoplando, dio un portazo y se acostó en el sofá, se maldijo por no haber llevado su cuaderno de anotaciones que reposaba sobre la mesita ratona compartiendo lugar con una botella de vino por la mitad. Él sabía que tenía gracia, no todos podían ser tan burdos como el público de aquella noche. En sus comienzos la gente se reía pero con la llegada de las salas virtuales prefirió ensayar ahí y su timing se fue desvirtuando.
La mancha de humedad del techo se había expandido los últimos meses y recién ahora Víctor se percataba de esta. Era una mancha uniforme cuyo centro de color marrón oscuro se aclaraba a medida que avanzaba. Víctor largó un largo suspiro y encendió la TV, agarró unas papas fritas y las comió acostado en el sofá.
- para terminar la mezcla utilizamos – dijo la voz de un cocinera pulcro. – no me digas nada, ahora vete – la voz de una mujer caribeña- hoy comienza a darse el único bono complementario del año para él SU, hay filas de hasta dos horas – dijo la mujer del noticiero.
Se refregó las manos en su pantalón y salió con apuro. La fila de subsidiados era larga, le calculó mínimo una hora y esperó sin sumarse a las conversaciones que se daban a su alrededor.
- ¿tenes una hora libre? – preguntó Víctor al empleado de VIRTUSALAS.
- estamos actualizando el sistema, recién en unos días volvemos a abrir.
- ¿algunos días? ¿Cuándo sería eso?
- la verdad ni idea, estamos actualizando los servidores, el software, para cuando termine el sistema anterior va a parecer cosa del pasado.
- puta madre – exclamó Víctor.
- pero… si te interesa conozco a alguien que te puede ayudar- dijo este ultimo en voz baja confidente y Víctor se acercó interesado.
Con un papelito en la mano, como se hacía antes, Víctor buscó la dirección. Era una puerta oxidada en una calle muy poco transitada, vio la puerta entre abierta y pasó. Caminó despacio por un pasillo al descubierto buscando el número de puerta y terminó subiendo unas escaleras al final del pasillo. Por una de las ventanas una señora lo observaba. Llamó a la puerta número 33, Víctor miró a su alrededor mientras esperaba y vio a la mujer correr la cortina de su ventana. Cuando la puerta se abrió un hombre delgado y con una barba de unos días lo miró.
- ¿José? Me pasaron tu dirección de…
- sí, si entra –le apuró José mirando a su alrededor y cerrando la puerta. La habitación principal olía a encierro, la persiana estaba baja y entraba poca luz natural, principalmente el cuarto estaba iluminado por tres monitores.
- ¿qué andas buscando? Sexo, ¿algo con animales? Tengo un par sado, ¿o algo más de terror? bien extremo, todo programado por mí – dijo José con orgullo.
- em, busco algo sencillo, hago stand up, un bar, gente riendo.
- entiendo, ¿porque viniste acá entonces?
-la sala donde voy está cerrada, actualizando no sé qué mierda – respondió con apuro Víctor.
- cierto. Mirá entre nosotros, el sistema nuevo que están instalando es viejo ya, yo trabajo con uno ruso, lo terminé de instalar ayer. Es de puta madre.
- ¿Si? – preguntó con entusiasmo.
- no lo probé pero eso dicen, usa otra tecnología, mucho más sensorial, se conecta con tú cerebro y es muy adictivo.
- dale probemos.
José lo sentó en un sofá y le puso un gel en la cara para mantener fijos unos nodos en su rostro, estos iban directo a una placa conectada a la PC. Luego José se sentó y comenzó a programar.
- ¿qué tipo de bar querés?
- no sé, grande – dijo Víctor.
- ¿un estadio?
- ¿se puede? – dijo y sus ojos brillaron.
- todo se puede.
- que sea en el Luna Park entonces
- bien ahí, apuntando arriba, ¿qué tipo de público? – preguntó José
- uno que se ría
- risa fácil, tipo cualquier pedorrada que se diga se ríen y aplauden. ¿O algo un poco más desafiante?
Víctor lo miró un instante, luego bajó su mirada y carraspeó – risa fácil.
- risa fácil entonces
Víctor miró a los costados como si hubiera alguien más ahí.
- escuchame, antes tenes que firmar unos papeles, básicamente dicen que no soy responsable de lo que te pueda llegar a pasar ahí adentro –dijo en el mismo tono José.
- ¿cómo?
- claro, este sistema nuevo tiene sus peligros –dijo en voz baja- hay alguna mínima chance que te quedes ahí, nada grave porque aparentemente te podría sacar así que tranqui – le mostró un manual en ruso a Víctor.
Por un segundo bajó la tensión y los monitores se apagaron para luego volver a encenderse.
- no te preocupes por eso, casi nunca pasa – dijo con una falsa seguridad- bueno, ¿firmas o no?
Las palabras de José quedaron resonando en su cabeza, qué pasaría si se quedara encerrado en una PC, al menos tendría todo el tiempo del mundo para hacer reír al público. Revisó los papeles que tenía delante de él como le habían ordenado que hiciera en la distribuidora, intentó leer alguno pero se perdió con tanta información. Miró desde la ventana interna al patio donde de unos camiones descargaban cajas y cajas que después alguien tendría que verificar su contenido, pensó en lo tediosa que podría llegar a resultar esa tarea.
- Víctor ¿no?- dijo un hombre pelado tratando de ser simpático- cuando termines bajá que hay que revisar lo que llegó – sin esperar respuesta el hombre se marchó. El cuarto en el que estaba era pequeño pero a la vez se sentía optimizado para la tarea de ordenar papeles. La única ventana que había estaba a una altura cercana al techo, parecía un error de diseño o algo muy bien pensado ya que la luz incidía directamente sobre el escritorio de trabajo. Víctor se subió a su silla y observó a través de esta. A diferencia de otros trabajos temporales en los que había estado, la vista del afuera aún conservaba algo de naturaleza. Tomó una gran bocanada de aire que al exhalar empañó el vidrio.
Ese momento mecánico y sin sentido que era el de revisar el contenido de cientos de cajas para luego volver a ponerlas dentro de otras de otro color, lo hizo presenciar una charla entre el jefe de sección y el de sector que no pudo por menos sentir graciosa, empezó con una sonrisa en la cara de Víctor que fue creciendo dentro suyo, primero salió una risa leve, que terminó en una sonora carcajada y lagrimas imposibles de contener que se acrecentaron cuando sus jefes se percataron de él. – ¿qué es lo que te causa tanta gracia? – a - estas despedido - solo hubo un corto trayecto.
- No pueden despedirme si ni siquiera estoy contratado – acotó entre risas Víctor.
- hola hermano ¿cómo estás? Seguramente ocupado y por eso no puedas atender. Quería decirte que hoy voy a dar un show grande, importante, lo que estaba necesitando. Basta de bares y trabajos aburridos– dijo Víctor mientras se apoyaba en la baranda que dividía el rio de la urbe- quiero hacer esto, necesito un poco de risas en mi vida, un poco de reconocimiento. No sé, eso, cualquier cosa después hablamos. Mandale saludos a la familia.
Caminó por las calles de la ciudad hasta VIRTUSALAS que tenía un cartel de “cerrado por mantenimiento” por lo que siguió caminando hasta detenerse en la puerta oxidada. Se detuvo un instante frente a la puerta debatiéndose si entrar, no fumaba pero hubiera deseado hacerlo. Aproximándose divisó la luz de un patrullero por lo que instintivamente entró. El pasillo parecía más largo y las escaleras con los escalones más espaciados por lo que llegó cansado al final. Se detuvo ante la mirada de la señora y antes de que esta cerrara su persiana le pareció verla guiñarle el ojo. Luego llamó a la puerta 33 con tres fuertes golpes, esperó un minuto pensando en irse y se abrió cuando ya estaba girando sobre sí mismo.
- ¡el comediante! Dale pasá – dijo José y cerró la puerta tras Víctor- ¿lo pensaste mejor? – le dijo y le extendió los mismos papeles como si lo hubieran estado esperando. Víctor firmó y se sentó mientras lo preparaba, hubo un breve titilar de luces que José ignoró y con el que Víctor se tensó. Luego José se sentó en su asiento y terminó configurar el programa.
- ¿estás listo? – dijo de una- en 3…2…1



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