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Bajo la sombra

  • 16 oct 2018
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 21 oct 2018

Yagra, el viejo león, divisó al montículo de rocas donde podría observar desde lo alto la llanura. Cualquier animal que pasara por ahí lo vería digno, valiente, temerario, un rey. Movió su tambaleante cuerpo cuya pata trasera izquierda le costaba mover y le otorgaba a sus pasos una desagradable huella. Su melena que alguna vez fue dorada se agitó y onduló junto al viento, el sol del atardecer volvió oro sus cabellos y salvo un ave que pasaba por ahí nadie más lo vio como en ese instante.


Observó la inmensa llanura donde a lo lejos descansaba la montaña que separaba el reino animal de los humanos. Los pastizales aún no tenían la altura suficiente para esconderse tras ellos, cazar no iba a ser posible. Un árbol solitario, del cual empezaban a brotar las primeras hojas, desprendía una sombra del doble de su tamaño.


Es de cuerpo y ramas robustas, pensó el león, cuando crezcan sus hojas va a brindarme protección.


Bajó lentamente por el montículo hasta que una piedra, traicionera, lo hizo resbalar y rodar por la ladera levantando polvo seco en su trayecto. Cuando se detuvo, su cabeza quedó mirando al cielo de un celeste anaranjado luego una nube se atravesó con forma de conejo y huyó perseguida por otra con forma de león. Yagra sonrió dejando entrever sus gastados colmillos y tras un largo suspiro se puso de pie lentamente y aun dolorido sacudió su melena dejando una estela de polvo. Con la cabeza en alto se dirigió hasta el árbol y pudo acurrucarse bajo las últimas sombras de este.

¿Pasaré mis últimos días bajo la sombra de este árbol?, pensó el león y se durmió.


Una leve brisa acarició su melena mientras su gran cuerpo vibraba debido a su pesada respiración, abrió un ojo para observar su alrededor y el cielo estrellado donde la luna resplandecía guiando a los animales nocturnos le devolvió el sueño.


- zzz

- ¿Quién anda ahí? –dijo el león alzando su cabeza.

- zzz – repitió el sonido tras una pausa para luego levantar cabeza una serpiente- ¡un león zzz!

- ¡sal de aquí víbora! –rugió el león.


La víbora retrocedió asustada, luego se detuvo y tras mirar a su alrededor lo miró a los ojos.


- estas solo así que no me asustazzz, además eres viejo y gordo zzz, ¡un rey sin reino! jijiji Espera que se lo diga a los demázzz, o… podría picarte y mostrarte como trofeo zzz.

- haz lo que quieras víbora, la muerte no me asusta, además prefiero morir en combate que solo –dijo Yagra entusiasmado poniéndose en pie.


La víbora bajó su cabeza y se relajó.


- está bien, no me interesazzz tanto ¿Qué haces aquí?

- buscando un lugar donde fundar mi nuevo reino –respondió veloz el león.

- ¿zzzi? ¿y dónde está la manada?

- viene a conquistar primero, luego vendrán.

- por zzzi no te has dado cuenta por aquí no hay nada más que el fruto de los árboles.


El león mantuvo la mirada firme sobre la serpiente pero no pudo sostenerla por lo que volvió a recostarse, apoyó la cabeza entre sus piernas y suspiró.


- ya ni engañar a una estúpida serpiente puedo, ¡me echaron de mi reino! ese traidor de Leónidas siempre tras mío adulándome y esperando su momento para salir… -Yagra escupió la tierra y rugió- ¡vete!

- ten cuidado de los hombrezzz que atraviesan este camino, ahora saben dominar el fuego y usan ramas filosazzz para cazar, ¡el combate cuerpo es cosa del pasado! –le advirtió la víbora mientras se alejaba.


Yagra lo sabía muy bien y se lamió la pata trasera que aún conservaba la marca de una pelea.

Los tiempos están cambiando, pensó y exhaló un largo suspiro.


Se quedó contemplando la estepa de noche mientras los grillos lo arrullaron con su canto hasta que un pájaro lo despertó. El sol ya se había asomado hace largo rato. El león se desperezó e hizo unos metros hasta el estanque que se había formado tras las intensas lluvias pasadas. Hundió su cabeza y bebió de esta, al levantarla las gotas que caían por su melena desfiguraron su reflejo por lo que volvió a la sombra del árbol. Le dio una vuelta a este buscando un lugar cómodo donde apostarse y tras hallarlo se sentó con la cabeza en alto y observó su alrededor, un par de roedores a lo lejos, todo lo demás era quietud.

En sus sueños Yagra había salido vencedor del enfrentamiento con el hombre y aun seguía siendo rey hasta que el sonido de un burro lo despertó. Yagra salió tras del árbol dispuesto a cazarlo y se detuvo en seco al ver a su acompañante. Un hombre. Cruzaron mirada y el hombre retrocedió, el burro quedó paralizado.


- vete –rugió el león.


El hombre le mostró el filo de su lanza de punta metálica.


- suruburuburu ry –dijo el hombre mirando al león.

- maldito hombre, tú nos has cazado, ahora estas solo sin nadie que te defienda es mi momento para vengarme.

- suruburubu burubu


Yagra dio unos pasos lentos hasta el hombre, midiéndolo, hasta que sintió nuevamente el tirón en su pata por lo que rugió. El hombre aterrado respiró hondo y apunto su lanza al león. Yagra comenzó a girar alrededor del hombre para marearlo, una técnica que había aprendido de su abuelo, cuando viera la oportunidad se abalanzaría sobre él. El hombre mantuvo con firmeza la lanza que brillaba bajo los rayos del sol.


- un momento –dijo el burro tras terminar de beber agua- venimos de un largo camino y estamos sedientos. Del pueblo que provengo no cazamos animales.

- ¿y porque lleva esa rama filosa junto a él?

- para defenderse, no atacar, estas son tierras peligrosas no solo por los animales salvajes sino también por los mismos hombres –dijo el burro parsimoniosamente.

- ¡no te creo! –rugió el león.

- no hace falta que nos creas, solo queremos irnos de aquí, el hombre tiene que ir a ver a su cachorro recién nacido –dijo el burro acercándose al león.

- eres un burro atrevido, en otro tiempo no te hubiera dejado acercarte –le dijo Yagra.

- los tiempos están cambiando –respondió el burro.


El león bajó su mirada y aflojó sus músculos bajo la mirada atenta del hombre que también aflojó los suyos.


- si quieres puedes acompañarnos, aún tenemos dos días de viaje y el hombre no conoce el terreno.

- no gracias, no puedo ayudar a un hombre que tanto daño me ha hecho –respondió Yagra- pero los dejaré ir.

- hay hombres y hombres, no puedes vivir odiándolos a todos –dijo por último el burro y se puso en marcha. El hombre, cauteloso, se puso tras del burro y lo siguió.


Yagra los observo buen rato, se acercó al estanque donde la sombra del árbol había llegado. Bebió un sorbo y observó su reflejo y el del árbol.


- espera, tal vez pueda acompañarlos. –rugió el león.


Y así fue como Yagra el león, Atlas el burro y el desconocido hombre marcharon por la estepa buscando el camino de regreso.

 
 
 

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