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Mar

  • 1 abr 2019
  • 4 Min. de lectura

- y ¿cómo te fue? –dijo Cristian despegando su mirada del negro mar y dirigiéndola hacia Javier.


Javier caminó lentamente sobre los tablones resquebrajados del muelle, la luna brillaba en lo alto y la luz amarillenta de la calle apenas los alcanzaba.


- mmm –dijo Javier moviendo la cabeza de lado a lado generando suspenso.

Cristian dio una torpe pitada a su recién encendido cigarrillo por lo que comenzó a toser.

- ¡no te me mueras que no dije nada aún!... ¡lo hicimos!– dijo Javier con una sonrisa y agitando sus brazos.


Cristian esbozó un mueca y le ofreció un cigarrillo.


- no, está bien ¿desde cuándo fumas vos?

- desde hoy –respondió Cristian mientras lanzaba humo y una carcajada- ¡contá más!

- mmm no sé qué decirte.

- dale no te hagas el misterioso, ¿cómo fue? –lo apuró Cristian dándole un golpe con el codo a Javier que se había sentado junto a él.

- sabroso –respondió Javier sin saber bien que decir y sonriente- estuvo bueno, fuimos ahí donde me dijiste cerca de los médanos, no había nadie, ella le daba cosa el lugar viste. Va, a mí también, además hacía frio.

- la próxima llevala a un telo –le enseñó Cristian.


Cristian dio una pitada larga y tiró la colilla del cigarrillo al mar luego agarró la soga que tenía a su costado y comenzó a tirar de ella. Por entre las olas emergió un paquete de latas de cerveza. Se tomó unos minutos, bajo la mirada atenta de Javier, para desatar el nudo que le había hecho alrededor y cuando sacó la primer lata esta estaba helada y con un dejo de sabor a mar.


- las compré para celebrar –dijo Cristian.

- por nosotros –respondió Javier chocando sus cervezas.

- por el verano –dijo Cristian cabizbajo y dieron un largo sorbo. Javier todavía no se acostumbraba al sabor de la cerveza pero sabía que en algún momento iba a terminar gustándole.

- cómo se pasó, la puta madre – reaccionó Javier.

- y si te la pasaste detrás de Ornella!

- ¡cómo costó! que paja. ¿y vos?

- ¿yo qué? –respondió Cristian veloz.

- nada, con esa piba que va a tú colegio, Sabrina –Javier chasqueó sus dedos al pronunciar su nombre.

- no sé, está difícil, rindo dos finales y me recibo, uno lo doy con ella.

- y con más razón - le respondió Javier golpeándolo con el codo- pero, ¿te da bola o no?

- yo que sé, a veces si a veces no. – Respondió Cristian tratando de evitar el tema, dio otro sorbo a su cerveza- ¿no tomas más?

- si es que tiene mucho gusto a sal, ¡no me apures!

- ¿y qué vas a hacer después del colegio? –preguntó Cristian

- no sé –dijo Javier mientras se acariciaba los pocos bellos que tenía en la cara- me gustaría tomarme un año sabático y después ver, no tengo ganas de estudiar ni de laburar.


Cristian lo miró y encendió otro cigarrillo. Se quedó mirando un rato el cielo donde brillaban algunas estrellas más que en la ciudad.


- ¿Vos? – rompió el silencio Javier.

- yo voy a seguir laburando en el cyber con mi viejo, cuando termine de rendir más todavía.

- ojo que no te agarre el Y2K! – dijo Javier socarronamente.

- ¡dejate de joder! eso no existe y si nos pasa estamos jodidos… - Cristian intentó dar un sorbo a su cerveza mientras fumaba como había visto alguna vez en la tele.

- vayamos a joder algunos vecinos o… ¡agarremos el cuatri y vayamos por la playa!

- mmm, no sé si tengo ganas –respondió Cristian.

- ¿Qué te pasa pá? estas re bajón


Cristian lo miró, apoyó sus manos sobre el muelle y saltó al agua. El mar estaba frio y calmo. Cristian nadó alrededor de los postes del muelle. En algunos puntos podía hacer pie.


- no sé mi viejo está con ganas de irse a España, viste que tiene la ciudadanía.

Javier lo miró desde lo alto del muelle y dio un sorbo largo a su cerveza. A lo lejos podía oír a los grillos en los pastizales que emergían de los médanos.

- es un bajón, como que mi vieja no tiene tantas ganas de irse, yo creo que tampoco –continuó diciendo Cristian- me dijeron que allá las playas no están tan buenas.

Javier tomó impulso y saltó al mar salpicando en su caída a Cristian, hizo un par de brazadas hasta que pudo hacer pie.

- que no chabón, está Ibiza, toda la joda –dijo Javier tratando de disimular su amargura.

Cristian sonrió y asintió con su cabeza. –sí, cierto.

Javier tragó un poco de agua de mar. – me estaba meando

- ah, que chancho, jaja –respondió Cristian.

Javier salpicó agua a Cristian y retomaron ese juego, como niños, que durante años hacían cuando se metían al mar de noche.

- ¿se verán las mismas estrellas en España? –preguntó Cristian rompiendo el silencio contemplativo, ambos se encontraban recostados sobre la arena.

- no sé, tal vez si – respondió Javier- ¿vamos mañana a los fichines?

- ¿no hoy?

- hoy estoy cansado- dijo Javier relajadamente mientras le guiñaba el ojo– pero podemos ir a casa a jugar al SEGA.

- ¿va a estar tu hermana? –preguntó Cristian.

Javier lo miró y arqueó una ceja. –jaja, muy divertido vos siempre –y se puso de pie- ¿vamos? –le dijo mientras daba unos pasos sobre la acaracolada arena.

- ¿A dónde vamos? –respondió Cristian luego de un silencio.

- A casa, a jugar al sega boludo- dijo Javier y tiró un poco de arena sobre la cara de Cristian.

- cierto… te alcanzo en un rato – dijo Cristian.


Los pasos de Javier se fueron alejando para luego perderse en el murmullo de la calle. Cristian se quedó contemplando el cielo, captó una estrella fugaz y deseó que aquel verano fuese eterno, no quería volverse al día siguiente ni tener que despedirse de Javier sin saber si se volverían a ver los próximos veranos.

 
 
 

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